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38803 Posts in 666 Topics- by 302 Members - Latest Member: axoriusia

February 05, 2012, 05:31:00 PM
El Foro Sin NombreAmigosTema LibreDe las aguas frescas y las golosinas sanas(Sportacus dixit)
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Author Topic: De las aguas frescas y las golosinas sanas(Sportacus dixit)  (Read 360 times)
Music
Maistro de Obra
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Posts: 451



« on: September 08, 2010, 08:09:26 PM »

Hace muchos años, cuando era un alumno mas de mi escuela primaria, tenía la dicha de saborear 3 veces por semana una rica y sabrosa horchata de coco. Jamás he vuelto a sentir el mismo sabor, lamentablemente el horchatero dejó ese giro y hace poco se petateó. Su hijo se dedica a otra cosa y por mas que he buscado el mismo sabor en otras horchatas, nomas no.

¿Y usted, tiene una golosinecdota parecida?
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La felicidad radica en la busqueda del equilibrio entre el ser y no ser. No hay dilema de por medio.
El Music
spock
Ingeniebrio
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Posts: 2217



« Reply #1 on: September 09, 2010, 07:09:56 AM »

Saliendo de la primaria había una tienda, de esas de pueblo, grandes y donde vendían chinche mil cosas. Uno de sus rasgos de modernidad (de los setentas vale aclarar) era una enorme vitrina donde guardaban las carnes frías y los quesos. Dicha tienda estaba a la par de una cantina y ambas compartían el nombre -La Especial- pues eran del mismo dueño, un señor como de 50 años, pelo envaselinado, muy amable; que tal vez era gachupín, pues recuerdo que era blanco y siempre tenía una sombra de barba en la cara. A veces se notaba que estaba medio pedo, pues se quedaba así, con los brazos cruzados sobre el mostrador, medio ido, como en la pendeja, tal vez añorando sus tierras gallegas, o aragonesas o de Celaya o Lagos de Moreno, sepa la bola.

El caso, es que el tendero-cantinero, hacía unas tortas exquisitas: crema, jamón, queso panela, queso amarillo, pastel de pollo y queso de puerco dentro de unas teleras crujientes. O sea, les ponía todo lo que había en la vitrina. Al gusto del cliente eran los chiles encurtidos que se podían tomar de un vitrolero en el mostrador. Cuatro pesos costaban las cabronas, por lo que tenía que ahorrar ocho días hábiles el dinero que me daban mis apás para la escuela. No siempre lo conseguía, de vez en vez, me gastaba mi tostón a la salida del plantel, comprando algunos de los chunches que vendían unas señoras con sendas canastas a la salida de clases, sobre todo las pepitas y las "ollitas", pequeñas cazuelitas de auténtico barro que estaban rellenas de tamarindo enchilado, una puta delicia, en serio.
Pero cuando lograba juntar mis cuatro pesos, directo a La Especial a disfrutar esas sabrosas tortas, sin mucho chiste, pero que, según yo, sabían a auténtica gloria.
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Sivoli
Ingeniebrio
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Aprendiz Zen


« Reply #2 on: September 09, 2010, 07:24:58 AM »

Ahh, esas tortas, al más puro estilo de un "Kalimán" (torta de cueritos con chile en vinagre, les paso el dato) eran la más auténtica neta. Producto de tenderos y abarroteros... que chingón, Espoc.

Yo recuerdo lo chingonas (y ahora casi extintas) que eran las manzanitas verdes con chile: La ñora de afuera de la escuela llevaba una arpilla llena, nomás las sacaba, las partía por la mitad con una chirrisca (un pinchi pedazo de segueta con filo), le sacaba las semillas y las espolvoreaba con sal y chile. Un proceso de preparación harto complicado y exclusivo de reconocidos Iron Chefs, las colocaba en una mesita ubicada previsoriamente en la pasada de carros y camiones urbanos de esos que levantan chingos de tierra y ahí vamos todos a comer esos delicatessen. Chingón.
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Eso... lo dije? o lo pensé?
Don Palabras
Administración
Ingeniebrio
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« Reply #3 on: September 09, 2010, 10:09:44 AM »

De morro en la casa donde vivía habían tres árboles de higos. Uno de ellos daba higos que aún maduros mantenían el color verde. Eran fibrosos pero muy dulces. Una chulada. El otro, el más grande estaba sembrado junto a una cisterna. Esta seguramente tenía una fuga o fisura pues la higuera creció enorme (incluso se volaba la barda) y los higos que daba eran muy grandes, jugosos y dulces como nunca he vuelto comer un higo. Estos eran de color negro. Para cortarlos se debía hacerlo con un cuhillo directamente del tallo pues si lo jalabas se corría de que se deshiciera en tus manos de lo jugoso que estaban.

Aún hoy si llego a ver que venden higos cristalizados o "en dulce" no dudo en comprarme uno; son mi veneno.
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